Amanece en Medellín, la Ciudad Bendita, y con este nuevo sol recordamos una hermosa verdad: si un padre terrenal jamás le compraría un helado a su hijo solo para tirárselo al suelo, muchísimo menos nuestro Padre Celestial nos sembraría un anhelo en el alma para dejarlo romper. Él no te dio la visión, las ganas ni la berraquera solo para verte dudar; cada sueño que habita en tu corazón fue puesto con el propósito divino de verse cumplido. Camina hoy por esta tierra de flores con la certeza y la fe intactas, sabiendo que el Creador de estas montañas ya tiene preparado lo mejor para ti. ¡A conquistar este día!
Aimer
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